Posteado por: Arianna Bañuelos | agosto 16, 2010

Breve vuelo

Yo era su corazón de hierro que sentí un breve vuelo. Nada cansado, siempre ligero. Hasta el cielo, he podido ser la nube más inmensa, un ojo de ave que mira en picada: audaz, para tragar la sal del mar y seguir las horas sin tiempo.

He podido bajar a la tierra, porque nada tiene importancia y nada guarda a prisa el reloj de arena. Nos hemos mirado, sin importar el cielo, aquí, en el mismo océano, le he dicho un sinfín de cosas. Partidas que no volverán. Corazones que siempre regresan, adrede, en medio de los cuerpos.

“La naturaleza está ahí, sola, esperando ojos que la revelen, corazones que la sientan” Benedetti. 

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