Posteado por: Arianna Bañuelos | septiembre 7, 2010

La culpa: Milo Picasso, Dorian Gray y Vanessa Bell

Acerca de los episodios infortunios y el cuidado con el que tanto esmero me costó criar  a mis hijos,  prefiero no acordarme. El primero lo maté de sobrepeso, el segundo se suicidó y la tercera se murió de inanición.

  1. Milo Picasso fue la primera mascota que tuve. Era un ratón muy pequeño cuando me lo regaló Andrecito. Milo Picasso era mi orgullo y mi paño de lágrimas. Era una conmoción (una rueda de la fortuna). Después creció y creció de gordo. Lo único que comía el pobre eran hojuelas que me quedaban de cereal. Mis ansias al principio de la relación y la emoción que me causaban los altibajos de Andrecito terminaron por agotarlo a él. Un día ya no pudo subir la rueda de plástico. Dejó de hacer ejercicio y se volvió diabético. A la semana estaba muerto.
  2. Dorian Gray fue una rana muy verde. Era hermosa y le gustaba posarse sobre la única piedra existente en la pecera. Se la pasaba contemplando el paisaje. Comía poco. Su pasatiempo favorito era pensarse como la más hermosa rana del universo. Así fue mi relación con Andrecito tres largos años: me encantaba cómo me alagaba y me adornaba de detalles. Eso no bastó, porque mi corazón anhelaba más y más. El retrato de su rostro se volvía más transparente como el agua y el amor de Andrecito se agotaba. Al cabo del tiempo, Dorian se dio cuenta que no bastaba con ser la más hermosa,  y como un soplo del aire decidió renunciar a su vida. Un día subió por las paredes y se dejó caer de golpe. Ya no respiró.
  3. Vanessa Bell tiene la muerte más trágica. Era una rana acuática y albina. Al tiempo que me la regaló Andrecito, era una mirruña apenas perceptible en el espacio. Vivía con sus otras dos esposas Alejandra y Sylvia, a quienes constantemente hacía el amor. Cuando rompí mi relación con Andrecito, las mascotas me daban pavor (me di cuenta que las ranas, osea mis problemas, eran demasiado grandes). A pesar de todo, las transporté del DF a Cancún. Hicieron un viaje de 24 horas en carro y sobrevivieron.  Como sea, el duelo se hacía inminente. Durante dos semanas se me olvidó alimentarlas a todas. Después de aquel tiempo, las más pequeñas se comieron a Vanessa y no dejaron rastro.

Al único que verdaderamente amé fue a Andrecito. Aunque problemas psiquiátricos como el ansia,  suicidio e inanición no me dejaron ver claras las cosas.

Dolorosa intuición: Cargo con esa culpa hasta el día de hoy.

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