Posteado por: Arianna Bañuelos | septiembre 8, 2010

Todo menos poesía: el mar

No recuerdo cuánto corrí. Corrí mucho. Corrí salpicando los pequeños golpeteos de agua salada que se estrellan por momentos en la tierra. Sentí la arena a un costado de mi piel y la fibra delgada de una aurora; unos pequeños ángeles rociaban el aire en mis oídos cuando mis ojos se iluminaron por la luz del sol que hizo caer un faro en los bancos de arena. Me sorprendió encontrar mi nombre escrito en una piedra: Ary. Simple nombre. Alguien dejó susurrando un pedazo de mí y el tiempo fue perfecto. Me recordó la ternura de un Ser Creador.

Seguí corriendo. Me topé con una voz lejana y un eco conocido llama la atención en mis oídos: ¡Niña. Hola! Pero no le contesto. Me causa más placer sonreír a aquellos ojos bonitos y dejar un recuerdo exacto, que aclare el mar con sus destellos marmóreos. Pude haberlo hecho, pero mis ojos hubiesen sido interrumpidos por los designios de mi alma. Escucho de nuevo a los ángeles y su luz se interpone en mi camino: la fotografía de unos novios recién casados: la sonrisa del anhelo. Estoy con ellos, y mi bendición es un soplo que se desliza hasta la hora sexta; todos los seres se han dormido y el sexo parece la espuma derribada de unos troncos en picada. Se consuma el amor y el sonido del océano se vuelve inaudito.

Contengo mi aliento. Subo la vista y veo a dos amantes besándose a lo lejos. Lamento haber retenido mis besos cuando quise hacerlo. Deseo aquel momento para ellos, y deseo que el mundo desaparezca a la vista de sus juicios. Lloro. Lamento que existiese alguien que pensara como yo. Pero hay quienes hicimos partícipe a más de dos cuando se trataba de asuntos serios. Hay quienes nos retuvimos y volteamos a ver primero las olas, como si ellas por desprecio, nos enterraran en la arena.

Vi las lágrimas deslizándose de otra alma en penitencia: una mujer rechazando la propuesta matrimonial con sentimiento de culpa. El momento fue tristísimo. Aquellos ojos de  preocupación y angustia me recordaron el anillo de compromiso que tengo puesto en la mano izquierda. Aquella velada me hizo recordar lo frágil que es el amor, porque existen los miedos y porque nunca sabes cómo contenerlos. Los momentos tan felices para unos, pueden ser la desdicha para otros. Bajo la mirada cuando el sol se aleja lentamente en el ocaso y parece que otra noche me da la bienvenida…

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Responses

  1. me encantaa!!!


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