Posteado por: Arianna Bañuelos | septiembre 11, 2010

Un sentimiento universal: el desgarre

El día 24 de diciembre, desde la casa amarilla, taponando la hemorragia primeramente con servilletas mojadas… entrega el sobre a Gaby, una jovencísima prostituta cuyo sobrenombre es Rachel, la única que puede homenajear su derrota diciéndole: “Guarda este objeto como si fuera un tesoro, en recuerdo mío”…

Preguntabas si necesitaba sexo. La respuesta es No. Ese concepto a solas me causa displicencia de sentidos. La mente puede controlarlo todo; excepto cuando se trata de cosas bellas. ¿Qué tipo de cosas? Todas. Hasta la racionalidad tiene un peso de intencionalidad, un propósito de emociones.

El sexo es como la hemorragia que sirvió a Van Gogh de servilleta mojada. Es el origen, y por ende, el fin de la raza humana. El sexo es desgarre. No he visto a nadie que piense en sexo sin pensar en uno mismo, que al final, es el fin de sí mismo.

El día de hoy he despertado con cientos de miles de toneladas de lágrimas. Me di cuenta que las personas que más amé en la vida me tienen bloqueada de sus vidas. Si no hubiera sido por el “asunto sexual” las cosas no hubieran resultado así de catárticas. Lo cierto es que siempre temimos que alguna intimidad nuestra se perdiera para siempre.

¿Se perdió? ¿Nos perdimos? Si. El corazón va dejando memorias por donde quiera que pasa. Sea un asunto de resignación o sublime deseo de amor; se renuncia en nombre del amor, el alma se inserta en las primicias del ser amado. Vas dejando un poco de ti para concentrar tu atención en “ellos”. Es peor cuando se trata de una mujer, puesto que dejas no sólo tu sexo, sino la imagen de ti misma y la belleza de ambas.

Homenajear una derrota equivale a salvaguardar un pedazo que ya no existe para nadie. Duele. Duele hasta los huesos. El conocimiento de las sensaciones se va perdiendo. Me parece sensato pensar que el ser humano termine casándose con aquellas situaciones que le parecen más racionales: intereses en común, bienestar, comodidad. Dudo que alguien después de 25 años de estar con su pareja le diga susurrando: te regalo mi oreja.

Aún así, entiendo por qué Zurita se quemó los ojos, Van Gogh se arrancó la oreja y Byron se fue de nuestras vidas. Entiendo que la resignación sublime es la totalidad y el fin del ser humano. Ellos entendieron que no era suficiente casarse con situaciones convencionales, porque en ellas no hay verdad y mucho menos libertad.

Ojalá estuviera hablando sólo de sexo, pero no se trata de un instinto animal. Tampoco se trata del amor (este capítulo no es romántico). Se trata del ser humano y por qué en el sexo sentimos que nos falta un padre, una madre y una oveja nuestra que anda perdida en los pastizales. ¿No te ha pasado que después de un gran orgasmo tienes la sensación de plenitud, y a la vez un sentir tan intenso del tiempo, que puede ser nostalgia, y a veces llanto?

Me hace tanta falta el sexo como las toneladas de cafeína que estoy tomando cuando pienso en mis necesidades no convencionales. Cuando pienso en el placer de unos ojos y el color de su cabello y tal vez, unas manos y tal vez, unos pies; me siento torpe y aturdida, puesto que no puedo pensar sólo en su pelo y sólo en sus ojos. Detrás de una mirada hay un alma, y detrás de unas manos, tacto, y de unos pies, heridas y tiempo. No puedo, y no debo, quitar nada ni robar nada; cada ser humano que llega a mi vida es hermoso, cada alma es eterna.

¿Demasiado tarde? Si. El peor pecado es robar algo de todos y luego sepultarlo, o en mi caso, desgarrarlo. “Aquí está mi oreja”. Perdón, fui una imbécil con mis amantes, y nunca tuve el debido cuidado para apreciarlas como era debido. Y eso que ni siquiera se trataba del amor. Era “sólo sexo”, y aún así, se trataba todo de mí.

¿Demasiado pronto? No. Siempre me he fijado en el alma de las personas y he prestado atención a su propósito; aún sabiéndolo, me adjudiqué el peso de la culpa y el montón de mis lágrimas.  Sin embargo,  no me corresponde solucionarlo todo: el ser humano que carga con sus culpas es suicida por obligación.  Cuando pienso en la eternidad, todo se desvanece, y los quejidos del viento se convierten en  susurros de aire que respiran perdón. La eternidad inmerecida es la certeza de la plenitud. La respuesta no es el origen K, porque ya no somos inocentes. Aunque quisiéramos…estamos corrompidos.

La respuesta es el perdón.

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Responses

  1. Lo que es el azar, detesto al autor de este poema pero es justo lo que…

    El viajero de sí mismo

    Voy pisando cadáveres de amantes
    y viejas tumbas llenas de pasado,
    cubierto con cabello horripilante
    del gran sepulcro universal tragado.

    Acumulo mi yo exorbitante
    y mi ilusión de Dios ensangrentado,
    pues soy un espectáculo clamante
    y un macho-santo ya desorbitado.

    Mi amor te muerde como un perro de oro,
    pero te exhibe en sus ancas de oro.
    Wínétt, como una flor de extranjería.

    Porque sin ti no hubiera descubierto
    como una jarra de agua en el desierto
    la mina antigua de mi poesía.

    Respuesta a tu e-mail, con más calma (y espacio)

    🙂

    Te quiero.


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