Posteado por: Arianna Bañuelos | septiembre 19, 2010

La cura de insomnios noctámbulos

Maquillo las sombras para que luzcan menos negras, pinto unos arbolitos y otros faros por doquier. Pregunto si en verdad el análisis de sus cabellos me ayudará a entender mejor el problema. Aquí estoy a prueba de un experimento espacial: meticulosamente sometiendo a cada pinza, los matices de su ira y la cualidad de su lobreguez.

“Nada, parecía que la tinta de mi observatorio se volvía más tosco, y en lugar de encontrar una cura al ya monstruoso gigante, desperté en éste anfibio, una furia de titanes que hizo ahondar profundamente en mi dolor”    Hyndra.

¿Qué es ese desierto? ¿Cómo podríamos contar cada una de sus arenas que nos arrastran hasta convertirnos en vaho? ¿Pisar la tierra con sus lágrimas? ¿Encerrar en frasquitos las categorías de la ira: partiendo desde la a que significa aquiescencia, hasta la z que significa zumbido de los oídos cuando despertamos en la noche a causa de un aliento perturbador, a raíz de un asedio que nos viene persiguiendo desde niños…

 No. De nada sirve excavar los fósiles de un muerto.

La mentira del asedio tiene una parte de culpa que nos viene persiguiendo. El “Por qué” corresponde a un territorio que tiene por oprobio el miedo. Aún sabiendo “por qué” se hizo tal cosa o “por qué” sucedió tal otra, el hecho de haber sido lastimados y humillados por una causa racional, acabaría destrozando las ilusiones del alma. “Por qué”, en el más puro sentido, es querer entender con la mente, las cosas que el corazón no puede perdonar.

“Por qué” no tiene excusa para perdonar. En esta aseveración encuentro el rostro, de quien por todos redimidos, pasó a ser crucificado y derribado con tal fuerza, que un ideal moralmente justo, no bastó para culminar su propósito final: “Quita esta copa sobre mí”. La fórmula en tal caso, aunque requirió de un inventario de nombres escritos en la historia, excluyó por todos, la condena del pecado original. El enfoque eterno cambió en aquel mismo instante: redimiendo la culpa por el perdón.

Este mundo, tan sutilmente maquillado con árboles y  faros, el placer puede ser uno de esos bocados que se envician a uno mismo, adhiriéndose sin escrúpulos a las paredes de la piel, requiriendo en la persona, un empujón más duro que la afrenta; aquello que se denomina: “tocar fondo”; el dolor, por ejemplo,  a veces causado por tropiezos estúpidos, y otras muchas veces por la redención, tiene su parte en esta concepción de las cosas menos perceptibles.

No todo lo que atraemos es responsabilidad nuestra. No donde nacemos, no donde morimos. Aceptar esta condición, como parte de un propósito divino, requiere de un grado mayor de humildad nuestra y un paso de fe que nos lleve más íntimamente a aceptar la redención (como una condición inmerecida) y el perdón, como una necesidad mayor.

Ya no es necesario caminar a hurtadillas, ni volver a juntar las piezas de un rompecabezas roto hace años. El pasado, con la censura de sus imágenes, nos hace mirar en el espejo interior: ¿Qué es lo que más profundamente anhelamos, si no, el perdón de un rostro mancillado y el acceso a un eterno Amor?  Hyndra.

“Un nuevo pacto disuelve la sangre de la misma sangre. He renunciado a mi pincel, cuya tinta de agua se aproxima a lugar de mis lágrimas; desciendo de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelvo allá, sino que riego la tierra y hago germinar la semilla que va creciendo en mí”

Ahí volveremos, después de aquella lucha intermitentemente con el más amplio perdón.

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