Posteado por: Arianna Bañuelos | octubre 10, 2010

Testamento, seul enfin

Psajeros del mar

Todavía miro. Sin la intervención de las sillas de enfrente, que pudieran ser cualquier obstáculo, que superan, algo así como el juez que esconde las capuchas del muerto. Todavía enciendo, con el cincino de los sentidos lo que el mar ha querido decirme todo este tiempo;

Los pasajeros del barco, conocidos hombres puestos a la par de una discordia conocida, angustiosos de cabeza, y muchas muecas que han aprendido desde sus abuelos, y en repetidas ocasiones en aquellos colegios donde los habrían de instruir a ser mejores hombres;

Todos, han quedado perplejos cuando pasan frente a frente en desfiladero, desfigurando sus rostros, o más bien, acentuando esas muecas que parecieran ser arrugas, máscaras elaboradas con sus propias alquimias, y testamentos viejos (trampas de genocidio);

¿No habrán sido sólo hombres?, y esa pregunta que separa aquella vultuosidad extendida en mis ojos como un ave: MAR, tantas veces repetida, una constante que reproduce la dinamicidad de su oleaje, y nos separa, a mí hombre, a ti, pasajero del barco. ¿Cuál es la diferencia entre el agua que circula bajo tus brazos pesados, y el agua que sosiega con su sonrisa el golpeteo de su espuma con la arena para desvanecerse luego, inmensamente luego;

Eso que llamamos eternidad, y que contrasta con aquellos pasajeros, de nuevo “pasajeros” del breve viaje que llegan cimbrando horrores en la arena, falsamente esperanzados de convertirse en dardos: lanzarse, aventarse de un pozo, brevemente, para que sea abrupta la caída del miedo, y del miedo salgan goces repetidos, placeres fugaces, y regresen corrompidos;

Se ha dicho que en la arena corren los más atroces crímenes del hombre, y desde su playa son lanzados inocentes, borrachos, hombres que no gozaron de la misma transparencia que el agua, un instante similar al espejo del que todos huyen: MIEDO, que podría ser el enigma de sus pesares: la eternidad, la culpa, la responsabilidad de una vida;

Cuando los pasajeros del barco se detienen, y profesan con ese grito lo que he visto, después de tantos años, mirarse simplemente, reconocerse hombres, aceptar esa humildad que reconcilia la dicha del perdón (no es un dardo, no es un bache, no es un ogro), es tu alma, de modo que el Amor de aquella espuma cumpla su propósito;

La eternidad está ceñida en sus ojos, y tú, eres un pasajero breve de esa dinámica constante que golpetea desde el cielo, las olas en la tierra, por ella, por él, por ti, por un amor que no sufre ventaja, ni predica con lágrimas de orgullo tu estatura, tu codo, tu boca;

Calla. Hay pocos que se sientan a observar el mar, esa eternidad que llama a todos después de un largo invierno. Dime, Dime…si al fin pudiste evitar tus lágrimas para llegar a ti mismo, atento, con la eternidad en tus ojos y ese Dios de agua, que creíste era un dardo, un bache, un miedo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: