Posteado por: Arianna Bañuelos | enero 18, 2011

2007

K

“Yo he sentido esto”. Me desgasta emocionalmente porque al leer (en general) busco la intensidad. Esta vez la encuentro en tus palabras, en esas frases que he tenido en la punta de la lengua y siento el galope en mis venas, el resplandor del deseo, en los ecos que somos…Y me desgasta, me hace sentir demasiado, me hace recordarme y es doloroso, como una herida que se abre, vuelve a sangrar.

A

Hoy, mi éxodo: Ayer sin nombres, el anonimato como creces de un río disipado; los silencios, las leyes, pensamientos encarados, filosofía entre llamas se recubre, partidismo de poder y no de hombre. Aquí un cuarto solo, “la primera sombra; una obscura catástrofe de sal… un declive”

K

Dispersión. Mi padre nos alimentó con esputos. Mi padre no sabe el nombre de mi madre. No la tiene. Tener es el único verbo que existe. “No soy de mí” y la blancura en mis ojos se disipa. Estoy aquí en una infrecuencia, estoy allá (y me señalan inmediaciones) en un país ajeno. Todos indivisos, todos siendo Uno entrando en mi pecho y nombrándose como esas “inmediaciones”, como “lo cercano”. “No soy de mí” y no sé nombrar las cosas, cosas como el cuerpo que apenas tengo al alcance y reconozco. “Intestinos” es una imagen, el pie no es traspasar en la negrura. “No soy de mí” y este lugar es la palabra: intestinos y pie en la vileza del tener, del tuétano.

K

Residir en la saliva, renombrar. O, Encontrar una palabra que desplome la ausencia. Encontrar una mueca de fastidio que te transforme en una máscara para reconocernos en lo no dicho. Estoy en un grito. De vez en cuando conversar con una almohada, ensombrecerme en la fisura de la taza, rearmar el rompecabezas –esa pieza que te designa– de un mapa mundi.

A

Me podrías mandar algún poema con algún conejo incluido? (si quieres yo pongo el conejo). prometo no olvidarme de ti.

K

El espacio (mi) memoria llena de vocales de la última certidumbre sin tregua Nicole Brossard

A

Sobre Edmond Jabés: Para un escritor, el descubrimiento de la obra que escribirá tiene algo a la vez de milagro y de herida; del milagro de la herida. Me parecía haber circulado entre la vida y la muerte muchos siglos -y esa vida y esa muerte eran las de mi raza- para llegar a este lugar naciente. Dejaba que las palabras ocuparan un puesto en mi libro y las seguía con el dedo. Avanzaban de dos en dos, y a veces, de cinco en cinco o de diez en diez. Yo respetaba el orden efectivo de su entrada en mí; porque sabía ahora que llevaba en mí ese libro desde hace tiempo. Lejos del puerto el barco crece. A medida que me adentraba en alta mar, mi libro se convertía en el lugar único donde todos los caminos se cruzan y no solicitan; pero un grito me traspasaba, y sobre ese grito ha sido edificado mi sufrimiento para bogar de oceáno en oceáno.

Gracias por tu escucha, este eco se convierte en tu eco…

Estoy de luto, llevo mi tristeza por todas partes y llevo un rostro de insomnio.

K

(Tal vez todos somos intrusos y no pertencemos ni a las palabras. Menos al lenguaje. Tal vez la tarea del poeta es timar a las palabras, desviar el lenguaje hacia la otredad). Tal vez por eso no soy intrusa, sino eco..y por eso puedo escribirte desde el reflejo malva. En mi diario (apenas) escribí: “Las lágrimas son la inversión emocional a corto plazo con el menor rendimiento y la mayor tasa de interés en el mercado”

P. D. Encontré unos dibujos de cuando tenía 16, 17. Cortázar me parecía un “monstrum” y el mundo se basaba en maullidos y páginas. ¿Sabes que durante una época tuve síndrome “Peter Pan”, odiaba crecer. Tal vez no he crecido porque aún me enfrento a las palabras tan niña…

A

Creo que moriré de risa un poco, si me das el gusto o el placer. Dime qué es llorar una lágrima en el mar. Dime qué lejano corazón siente la tristeza, el amor. La espiral, empieza otra vez. Tú estás viva afuera. El color no es de mi piel. Si la bestia me exime, desnuda. Dime qué es ahora, la sombra.

K

Max Rojas (México, 1940) Era como si el fantasma de un hombre que se hubiera ahorcado regresara al lugar de su suicidio, por pura nostalgia de beber otra vez las copas que le dieron valor para hacerlo y preguntarse, tal vez, cómo tuvo coraje. Malcom Lowry, Bajo el volcán … y sepa dónde y cuándo apuñalaron mi cadáver.

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