Posteado por: Arianna Bañuelos | febrero 11, 2011

El canto de la lluvia

La lluvia, llena de vestigios de un sol indómito.  Sus ojos no terminan de mirar.

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Si en cada paso hay una vida, por cada latido de su corazón hubo manos y luego tiempo.

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Ojos de seda vieron llorar los pasos de un hombre renovado. Así si callas, mejor fue saber todo sobre el viento.

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Hay sueños que dependen de la satisfacción del aire. Por ella, la que hubieron acusado tantas veces con ascuas y espinos. Hay Ojos que acusan al dueño de sus propios ojos.

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Unos cosecharon. Otros sembraron. Somos ramas de un mismo Árbol.

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El Dios del maíz era Mujer. Ella fue la lluvia y de ella, la cosecha vio los frutos del latido indómito.

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