Posteado por: Arianna Bañuelos | marzo 3, 2011

La violencia: una sutilidad humana

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Si tengo que recurrir al uso de imágenes es porque me he visto bombardeada de información que circula libremente. Por cierto que ambas tomas han sido galardonadas el día de hoy en los Premios World Press 2011, como si se tratara de una hazaña fotográfica, lo cual me parece un irreverente discurso e incluso complicidad de la violencia misma.

“Para que todos los seres humanos sean testigos de la violencia en África” y para identificar los detalles de “un caso exitoso de suicidio en la  ciudad cosmopólita, Paris”.

Mi cuestionamiento no es visual, sino  más bien dialógico. Si en dado caso, tuviéramos que comparar ambas imágenes por su grado de agresividad; el primero, en una relación víctima-agresor, y el segundo, desde una perspectiva intrapersonal,  deteniéndonos un poco en el discurso social,  quizás algunos pocos notarían la diferencia. Me ha parecido de cualquier forma, que el acto en el fondo es el mismo:  todo aquel que lastima al otro, se lastima a sí mismo;  y todo aquel que se lastima a sí mismo, lastima a la conciencia  colectiva…

¿Cuál es la diferencia entre el asesino y el suicida?

1)  El asesino. Comete una hazaña por venganza de una vieja herida.  Pero, injuria en el reflejo del otro, la injuria de sí mismo.

2) El suicida. Comete una hazaña por venganza de una vieja herida. Pero, injuria en sí mismo, el reflejo de otro más.

He pensado mucho en esta relación de espejos. Viéndonos a nosotros mismos como transparencia de otros, y a la vez, siendo nosotros mismos el reflejo de otros. No logro entender cómo hemos sido capaces de absorber tanta sutileza, sabiendo que  el cuerpo nos corroe. Que exista el suicida y el asesino me parece una forma arraigada de lo más natural: las acciones de ambos se convierten en transparencias verídicas de acontecimientos históricos. El cristal y el plomo duelen de la misma forma.

Porque los seres humanos hemos sido incapaces de encontrar un antídoto que cierre heridas de miseria y depravación, las formas más sutiles se manifiestan en la  ignorancia y en  las mentiras, y las más exacerbadas en las tomas fotográficas de uno a uno, en manada. Cuchillos que se convierten en genocidios, fanatismos que se convierten en odio catártico.

Por eso pienso que el espíritu es la única forma que escapa a lo terrenal, pues es la elevación sublime de pensamiento, el acto de  humildad que nos supera como raza humana.  La necesidad de Dios es absoluta para la supervivencia. Fuera de esta idea, nadie puede estar gozando de una zona netamente “gris”, porque al momento de activar la crudeza (circunstancia de un día crítico), cualquiera de nosotros se convertirá en suicida o asesino, que a final de cuentas es la aceptación de su natural humanidad.

¿Y qué es humanidad?

Algo que por sí mismo carece de medios para sobrevivir.

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Responses

  1. Me gusta tu reflexión. Sin embargo, me gustaría compartirte una duda: ¿la primera foto no es parte de una serie del fotógrafo gaditano Emilio Morenatti sobre las agresiones con ácido que sufren algunas mujeres pakistaníes?


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