Posteado por: Arianna Bañuelos | mayo 6, 2011

Hyndra

(2009)

Prefacio. Nota al lector.

 Los incrédulos dicen haberla visto, sin embargo, el contexto de evidencia es más o menos impúdico: la conciencia les dice que fue un reflejo, una apariencia de ser o el éxtasis de unos cuantos nervios extraviados. La incredulidad es negar el prodigio de un niño, cuando se aventura por ejemplo, a imaginar un mar somnífero de sueños. La incredulidad es casi como una leyenda en el tiempo, memoria colectiva del psicópata: una respuesta es casi una pregunta: lo relativo es absoluto en el momento en que se pierde la fe, o se acepta el hecho poco probable de existencia. Pudiera ser, que así como el poeta inventa paralelismos y metáforas, exista la querencia de todo hombre por anhelar algo incomprensible. Aquí no importa la duda, sino el desdén. Sea como sugiriese la voz populi, esta historia es creíble desde el corazón de un solo hombre, y le guste o no al lector, los que hemos sido parte de esa historia tenemos un punto a nuestro favor: el juicio de una mente sobria es improbable. Con el tiempo, se ha comprobado que la locura per se no existe.

En cierta ocasión hubo un viejo que pasó frente a mi duda y yo pensé que era un caminante tropezando en mis palabras. Resultó que fue un ángel inconsciente, un momento fugaz que de manera incomprensible, cambió de tajo mi realidad. En aquel tiempo, yo me sentaba a escribir ensayos sobre cualquier tema y los publicaba. El aviso inoportuno y un tanto angelical me cayó de sorpresa: nunca el “todo” sigue siendo como ocurrió alguna vez. Y aunque en apariencia, ese ciclo lo vivifiqué tantas veces, habiéndome parecido escuchar la misma trova, la misma repetición sonora en mi cabeza; existió el acto, y en el actuar, comprobé mi caminar incierto. Comencé a envidiar la libertad del viento: éste nunca sabe de dónde viene y a dónde va, sin embargo, no cuestiona. El viento es libre porque deja que otro Ser lo conduzca libre.

Me quedó una coartada. El ilusionista es un soñador de realidades. Desde ahí escribo; cobro la furia del corazón y los latidos de una vida, que más que otra cosa, pudieran ser testigos de mi cambio. En el momento de actuar, respondí a su llamado por puro cuestionamiento. Nunca sabré si fui, o seré dueña del destino. Me pareció oportuno aventurarme solamente. Desde aquí, un pequeño rincón del cielo puedo vislumbrar mi lugar adecuado en el mundo. Una tela de tiempo y una sombra suspendida entre la duda: me da miedo quedarme. Mi situación resulta ser cierta notación de aire; y a la vez, un anhelo incansable por sentir el fuego. Se evapora mi realidad bruscamente y despierta el sueño; palpitan mis latidos; desde aquí veo una estela.

El ahora será tan diáfano…pero al final del mar veo una sombra.

(Continuará…)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: