Posteado por: Arianna Bañuelos | mayo 15, 2011

Hynda 3/12

Hyndra (segunda conciencia)

La segunda impresión regresa después de una pausa. Uno cierra los ojos para cerciorarse de sí mismo, la conciencia es una batalla que se niega. Voltear adentro de sí mismo parece un siglo en el tiempo; no existe ni siquiera el silencio. La conciencia viene siendo una serie de imágenes amontonadas, un motín de colores aparecen en la marea de una noche dolorosa: pinceles verduzcos, azulados, sombras despiertas y luces sonámbulas. Dos segundos dormidos como un arco y flecha solitarios: la decisión de lanzarse y caer en el vacío del océano; sin saber a dónde, por qué y con quién. El hecho invencible de irrupción (en medio de la duda)…¿y ahora qué?…Siempre callamos, pero el corazón no calla, actúa por impulso de una segunda conciencia.

Abrimos los ojos y en el “todo” hay una luz angelical. Los colores del mar van impregnándose y rociando suavemente a las primeras formas; primero un rayo de luz toma la forma de un reflejo de agua; la irrupción de luz toma el lienzo de una estrella…(me pareció ver el sol y la luna juntos). En el primero, un gran océano suspendido; y en medio de éste, un cielo despierto (metáfora a mi objeto amoroso), casi como reliquia dictaminada desde el fondo del corazón.

 …

El vacío es un espejo iracundo que solemos encontrar hacia adentro. Esta es una de las cosas más difíciles que ha tenido que enfrentar el ser humano: “su yo”, una muerte multiplicada por todos los “yoes” de los seres humanos: el modesto, el ingenuo, el orgulloso, el avaro, el solitario. “El yo” es una suma de todas las muertes de las máscaras humanas.

 El vacío es aquello que nos angustia tanto, aquello que nos persigue en las noches como un lobo. Es la ignorancia de la eternidad y el recuerdo de todas las memorias que nos hicieron daño. El vacío es un historial que vemos a distancia, a obscuras. Es un túnel negro por el que hay que pasar una vez más, para dejar de preguntar quiénes somos y qué anhelamos.

 El todo viene por añadidura. La idea inocente anhela dormir bajo los brazos amados. Sabemos que vendrá a abrazarnos después de que pasemos por ese breve espacio doloroso. Su voz es tierna y nada tiene de iracunda. Su voz es una oleada de frescura, una breve carcajada.

El cielo responde a todos los vacíos que anhelamos, pero es necesario saltar, es necesario responder a la caída que es un hueco donde ya no hay nada. La batalla se intensifica y la conciencia reclama: ya no hay marcha atrás, es tiempo de de encontrarnos mutuamente, frente a frente. Las voces se multiplican: melódicos y fantasmagóricos sonidos van marchando. Ya no sabemos quién es quién y la nada es un todo confuso que anhela la paz: la pausa, la calma.

Aquellos colores que suelen verse en los ojos de los otros y se denominan “destellos”, tienen que ver con los fragmentos del ser humano en determinado tiempo. A todos ellas hay que reunir, uno a uno, hasta que quede un” todo” que es la pupila sin tiempo.

Recuerdo aquella frase: “El que ve a su doble es el que va morir”.  Y yo digo que, mientras los colores se impregnan nuevamente en el cuerpo, vamos naciendo al lienzo de una pintura más elevada. Hay un cielo despierto por todos los “yoes” que mueren tranquilamente con los sueños.

Es tiempo. Ha llegado la hora de partir.

(2009)  

(2o11)     

Prefacio

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2/12

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