Posteado por: Arianna Bañuelos | mayo 18, 2011

Hyndra 4/12

La entrada al túnel de la muerte

El sueño del mar tiene un significado espiritual para mí. Descender al mar provocador, con telegrama de invitación a, ¿cómo se llama el nuevo huésped que también era poeta?, es recurrir hacia la puesta del sol, que abre la entrada a un aspecto sospechoso de mí misma, concebido en mi memoria hace siglos. En cuanto la película comienza a ir hacia atrás,  el adversario ciego y un papel en blanco lidian con su tinta virgen. Corro al primer y único encuentro de mi insolencia antigua: “te mandan a la muerte”; y ahí en breve,  descubro por fin, el inocente rostro y la fuente de cristal. “Morí ahí, nací ahí”. 

El cuento del mar y la historia real del océano son versiones distintas.

El cuento del mar es conocido en su aspecto brutal: la lucha por la supervivencia. La adaptación requiere acción sobre las mismas circunstancias. Mientras unos se debilitan, otros se fortalecen. La sangre se derrama frente a nuestros ojos cuando somos puestos a prueba.  Repetimos el ciclo, una y otra vez, descendiendo al origen de nuestros miedos infundados.

Existe el aspecto colérico en el cuento del mar. Los mecanismos de defensa de otros seres nos han insertado en sus garras y hemos creído que sus cuchillos eran la muerte misma. La entrada al túnel de la muerte es espantosa porque todos los seres fantasmagóricos de la infancia aparecen uno a uno, desfilando con sus horribles ojos y clavando sus aspas de fuego en nuestra alma.

Aunque al principio, el cuento del mar concentra todo el dolor que hemos registrado en la memoria, la evolución de una conciencia más profunda  nos permite entender la historia real del océano: un relato mucho más complejo, que requiere de mucha sabiduría y valentía para poderla entender. En la historia real del océano nosotros jugamos un papel esencial de esa “cadena vital”

En la historia real del océano no hay agresores o víctimas. Todos somos un ciclo perfecto diseñado para sobrevivir a nuestro tiempo. Respetamos nuestra esencia brutal y despertamos a la conciencia de la madre natural.  Queremos perdonar, queremos saldar la cuenta, queremos volver a nacer  ¿Para qué?  es la pregunta que nos lleva al anhelo puro, al goce incansable de nuestra libertad.

La libertad viene en consecuencia de la persecución sanguinaria. Es la primera conciliación con el sonido de la madre natural: todos dicen haberla visto, pero a pocos se les ha ocurrido indagar, ¿Qué hay detrás de esa fantasía que nos llama dulcemente, tan provocadora y sutil? ¿Cuál es el rostro verdadero del alma humana?

La madre natural es la memoria insertada hace siglos. ¿Cómo conciliarla? ¿Cómo volver a la inocencia?

Hyndra en  lenguaje místico nos recuerda a narciso mortal. No es  más que el espejo que encontraremos todos en el túnel de la muerte: son todas las facetas insertadas en el “yo”.  La caída, la caída desde hace siglos te lleva al espejo que se encuentra entre el eslabón perdido y la madre natural.

Ahí estoy yo, ahí estamos todos, buscando libertad.

Prefacio

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