Posteado por: Arianna Bañuelos | junio 5, 2011

Hyndra 6/12

La renuncia

Veo el espejo a lo lejos. Cada lado del perímetro nauseabundo ubica a dos seres que luchan intensamente por entendimiento.

Uno de ellos era yo,  con las dudas atrincheradas. Muy molesto por las batallas. Muy renuente a escuchar. Miedo, un eco lleno de cosas difíciles de enfrentar: la fragmentación, la permanencia, la solidez, el acto volitivo. La física de aquellas cosas que no se pueden explicar.

El otro de ellos sería yo, con las alas afiladas y esa luz que me acompañó todo este tiempo, un instinto de  voz angelical, tan natural y aquietada por los años.

He visto como mi alma fragmentada altercaba entre las olas, pidiéndole al tiempo acomodarse, pidiendo que todos los pedazos se resquebrajaran y se volvieran a juntar, uno a uno, lentamente¿Por qué? Mi pasado preguntaba ¿Por qué?,  y yo misma me sacudía de arriba a bajo, como si el mar tuviera polvo de materia inerte que suele encontrarse en el universo expandible. Veía mi viejo espejo estremecerse de angustia. La impaciencia me robaba todo el tiempo, como un armario hecho en manos del relojero, juez y capataz.

¿Para qué? Decía mi otro yo, muy aquietado. -Para aceptar la solidez como es, así de etérea, hay que renunciar. Para volver a nacer, para aceptar lo que siempre ha sido, para tomar responsabilidad, para subirnos al estrado de lo Sublime, donde no hay tiempo. Para dejar de contar, para dejar de sumar, para restar las viejas ropas que tienes adheridas como un montón de chatarra de edificios, máquinas e injusticia. Para que el ciclo de justicia sea propuesto como un pilar de la más alta evolución, donde ya no haya tiempo regresivo. Para que el espíritu sea una espiral ascendente, siempre cambiante, que sube y baja por una escalera llena de luz…

…Para que los años sean menos, para que tu voz sea ese anhelo culminado que solías ver en sueños, y el mar tu hogar de caricias, los seres infrahumanos tus guerreros de luz, los seres suprahumanos tus iguales, y todos seamos una sola pieza llamada vida: vida sin tiempo, vida sin horas.

Y este sueño ya se ha culminado, lo he visto florecer desde antes de que naciera el tiempo. Vete, ya eres eso.  Ya fuiste eso que serás. El puente de reconciliación estaba antes de nacer…tu Creador. Acéptalo, cruza el puente… renuncia a tus viejas ropas. Renuncia a tu enojo. Renuncia. Rompe el espejo del miedo. El miedo es el motor de tu lucha. ¿Lo aceptarás por fin? ¿Aceptarás el hecho inequívoco de sentir un  inmenso miedo, tu obscuridad; verte frente a frente, con tanta luz, tanta irradiación, que te hace sentir poco menos, poco infeliz.

-Orgullo, decía mi otro yo. Ya no decía nada. No era miedo. El orgullo es el dilema de todos los hombres cuando se topan al final de sí mismos sólo para concluir su discurso nada intelectual; he cometido un grave error: soy el responsable de mi propia creación. Me rindo.

Al mismo instante de la lucha, hay una batalla espiritual que se intensifica y se prolonga hasta la eternidad. Hay unos que suelen llamarle la noche dolorosa. Yo le llamé simplemente, túnel del tiempo omnipresente, que es aquella cosa que a todos les aterra del mar, esa situación invisible que hay que aceptar: porque así es el agua, así es el elemento natural.

La mente aquietada empieza a respirar. Recibe vida y salta. Recibe vida y salta, a un segundo vacío, vacío que es el fin de uno mismo. Donde no hay nadie y todo es a la vez.

 

Prefacio

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