Posteado por: Arianna Bañuelos | junio 20, 2011

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La expansión

El ruido viene después de un desierto cálamo. Los témpanos de hielo se forman bajo la ilusión de un océano disperso. El sistema calla y un absurdo fatalismo del mundo corrompe la perfección sublime que mis ojos vírgenes dibujan llorando.

Queda la expansión del amor. Es decir, la compasión. Una simetría a perpetuidad de todos los cinceles ahora integrados.

Senil quedarse en el mar.

No al océano, sino al encuentro donde yace su luz, una luz que brilla detrás de su obscuridad: Verbo en movimiento, la acción de verbo son los ojos despiertos.

Observo.

No al absurdo. Sino a la conciencia.

No al error, sino al cambio.

Observo la herida. Me detengo a pensar en todas las vidas que hemos dejado atrás. Somos responsables de este cálamo. De este huracán iracundo por el cual caímos…

Observo al niño y después al viejo. Observo el camino intermedio, esta senda por la cual he caminado: primero a la izquierda, luego a la derecha, retrocediendo y volviendo a empezar, siempre siguiendo el movimiento de las olas expresadas a perpetuidad.  

Los cinceles son trazos de un niño inocente. Esto prueba nuestra la capacidad para realizar todos los cambios posibles: las  sombras, su luz, las huellas, su faz.  La sabiduría viene con los años.  Sencillez. Nos quedamos mirando un ave; el trazo de las nubes mueve su  faz sobre la tierra y todo en nuestros ojos cambia.  

¿Estaremos listos? La gracia cae sobre nosotros y sabemos que son los mismos ángeles que nos guardaron cuando éramos pequeños.  Sentimos la energía fluir y reconocemos el latido de un corazón inteligente que ha estado adentro de nosotros y un sonido despierto  prolonga su eternidad. Cerramos los ojos y reconocemos los colores de la vida, los mismos atisbos que alguna vez ,maravillados, nos enseñaron la risa de tantos años, entre aquellas cosas que nunca supimos nombrar: éramos demasiado sabios sin hablar.

Nos movemos para calcular el espacio de tacto que multiplican nuestras manos, y todo sucede, todos los gestos nos compensan. Cada célula ha registrado la memoria con dolor, hasta el día de hoy que pudimos decir a conciencia: libérate. Te reconozco humano.

Nuestras caras al cielo dan vida a su Creación: sal, arena,  ola, océano, dibujo, Universo, hasta ser, oh simplemente ser;

Corazón de mar.

Prefacio

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